jueves, 16 de junio de 2016

Revuelto de ortigas con tomate y atún

Sí. Lo sabemos. ¿Ortigas?, ¿Se comen? Pues sí y sí. Y este es el resultado.





Lo primero que quiero decir es que esta entrada se la quiero dedicar a mi profesor de Pascicultura D. Pedro M. Díaz Fernández que sembró esta idea en mí, cuando fue ponente de un coloquio sobre etnobotánica organizado por el Ayuntamiento de Gotarrendura (Ávila). Dondequiera que estés, Pedro, esta receta va por tí.


Lo primero que hay que hacer es recoger las ortigas. Mucho cuidado que son urticantes, como habéis podido imaginar. Aquí tenéis un detalle de los pelos urticantes del tallo y las hojas. También podéis ver las flores en espiga.





Después de lavarlas correctamente en agua con lejía alimentaria durante un buen rato (y su enjuague posterior), para eliminar todos los inquilinos de los que no queremos disfrutar, podemos cocerlas (sólo las hojas. Los tallos cocidos son como mondadientes cocidos). Hay que decir que después de un rato largo en agua los pelos pierden su poder urticante, razón por la cual hay quien ni las cuece y las come en ensalada. Crudas!!! A mí, personalmente, me parece arriesgado, no por la posible urticaria que no te va a ocurrir, sino porque creo que hay que eliminar todos los visitantes de la planta para que no enfermemos por cualquier razón (la seguridad alimentaria de las verduras silvestres...). Así que yo las lavo en lejía (alimentaria, claro) y las cuezo durante unos 12-15 minutos.








Y una vez que las tenemos cocidas podemos reservar parte para hacer una ensalada cuando se enfríen (yo las congelo) y además, en nuestro caso, el líquido de cocción me lo quedo porque no deja de ser un caldo de verduras, que puedo usar para hacer una sopa, un risoto...

EL REVUELTO

Para hacer el revuelto propiamente dicho, voy a seguir los consejos que nos da A. Chicote en https://www.youtube.com/watch?v=6ZDiFWrITZY

Así pues lo primero es rehogar un poco las ortigas (en mi caso estaban en el frigoríficos, frías como un témpano, y había que calentarlas), además aproveché para echar un poquito de ajo picado y dos ramitas de tomillo.

Una vez rehogadas un poco (básicamente para que se calentaran como ya os he dicho), le añadí un poco de curry casero que le da un punto exótico.

 

Por último, añadimos dos huevos y removemos y removemos y removemos.... hasta que queda uhmmmmm bueníiiisimo!!!




Y ahora una pregunta: ¿conocéis más verduras silvestres? ¿las consumís?. Seguro que más de uno se ha echado las manos a la cabeza cuando he puesto revuelto de ortigas, pero todos hemos comido zarzamoras, y las frambuesas y arándanos barren en la zona de delicatesen de los supermercados.








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